dasgast Lágrimas sobre Gibraltar, de Carlos Díaz Domínguez.

lagrimas sobre gibraltar 198x300 Lágrimas sobre Gibraltar, de Carlos Díaz Domínguez.

Lágrimas sobre Gibraltar

El 1 de octubre de 1969 entraba en vigor la resolución de Naciones Unidas que obligaba a los británicos a abandonar Gibraltar. Se trata, concretamente, de la resolución 2429, votada el 18 de diciembre de 1968. A los ingleses se les ocurrió entonces decir que simplemente protegían y respetaban la voluntad de los habitantes de la colonia, y así seguimos, hasta ahora, como todo el mundo sabe.

Lágrimas sobre Gibraltar se construye sobre la idea de que el régimen de Franco, ya en sus últimos momentos, creyó que sería buena idea tomar Gibraltar por la fuerza al amparo de esta resolución.

Se trata de una obra magníficamente documentada sobre este deseo español, entreverada con las intrigas políticas, la situación social, y el entramado de espionaje se construyen alrededor de la sensación de que España no tiene posibilidad alguna de resarcirse  de los incumplimientos británicos pero conserva, de todos modos, la voluntad de actuar dentro de sus medios.

Los británicos, con un servicio de inteligencia antiguo y experimentado, casi no pueden creerse que a los españoles se les haya ocurrido infiltrar espías propios en la roca, y a medida que se convencen de que esto no es sólo posible, sino casi indiscutible, deciden esperar el golpe para causar una matanza en la represalia. Carrero Blanco, Vicepresidente del Gobierno español, no quiere dudar de Franco, pero sus dudas se acrecientan cada día en un ambiente político abocado claramente al fin del régimen y a una sucesión que aún es incierta.

La idea inicial consiste en abrir una filatelia en el peñón y poner al frente de ella a un británico adepto al régimen franquista. Lo acompañará una mujer cordobesa que se hará pasar por su esposa para no levantar sospechas…

La mejor virtud de la novela, además de su documentación, es la casi inaudita honradez con que el autor trata la época, sin tópicos ni histrionismos, sin fascistas malísimos, ni opositores sindicales que acaben apareciendo con una acción política en cualquier momento (como siempre me temí). En esta novela, las personas son las personas y los hechos son los hechos, tanto los reales como los ficticios, tratando todos de desenvolverse en la verosimilitud, la realidad de una conciencia humana que es antes humana que política, y la desproporción de fuerzas entre dos países que, al fin, no pueden evitar que en sus filas se alineen simples seres humanos.

Muy recomendable. Por desintoxicarse de tantas tonterías como se han escrito ty dicho sobre la época, más que nada.

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