dasgast LA CRIN DE DAMOCLES (Javier Pérez)

"Habían aparecido cada uno sentado en un sillón. Uno tenía un disparo en la cabeza, y el otro, un disparo en el tórax, y otro en la cabeza también.  Por la postura se deducía que no había existido forcejeo, ni lucha.  Según los periódicos, quienquiera que hubiera disparado contra ellos o los había sorprendido completamente o estaba sentado en el tercer sillón."

Munich, Alemania, años veinte.  El país se tambalea en una confusión ideológica, política, económica y social originada por las férreas condiciones impuestas en el Tratado de Versalles.  Los franceses y los belgas han invadido una parte de Alemania para cobrarse los atrasos en las reparaciones de guerra y el colapso económica alemán en total.  En pocos meses, el dólar americano pasa de valer 19 Marcos a valer cuatro billones doscientos mil millones de marcos.

Llega la hambruna.  El frío y las enfermedades aniquilan en un sólo año a más de un millón de alemanes.  En este terrible marco histórico de injusticia social generalizada, las ideologías totalitarias hacen su aparición y dirimen sus diferencias en sangrientas reyertas callejeras.
 Los bolcheviques, tras el fracaso de su intento de revolución, dominan el norte del país.  Por su parte, los nazis, aunque poco numerosos, se hacen notar en el sur.

       

En Munich, el comisario de Asuntos Políticos, Müller, está a punto de detener al cabecilla nacionalsocialista, un tal Hitler, por un fallido intento de golpe de estado protagonizado por su partido.  Se espera que este duro revés a la cúpula nazi consiga de una vez por todas desmembrar al partido, que aun es muy débil y no pasa del 15.000 afiliados.  Pero el mismo día del golpe fallido, los nazis han robado una gran cantidad de dinero durante el atraco al Banco de Alemania, y se teme que este dinero pueda servir para financiar sus actividades y revitalizar el partido.

Con Hitler en prisión, ya sólo resta encontrar el dinero y esperar que la amenaza nazi se disuelva sola.  Sin embargo, Müller tiene otros asuntos que exigen su atención: el fiscal de lo penal y el secretario del alcalde han aparecido asesinados en la casa de este último.  Aunque el caso no compete a su departamento sí tiene que ver con otro caso, el del asesino del estilete, cuya resolución le reportó a Müller un gran prestigio y popularidad.  Müller siempre había sospechado del secretario del alcalde que ahora ha aparecido muerto, pero cuando un segundo sospechoso fue descubierto in fraganti, el caso quedó cerrado.  Sin embargo, Müller siempre pensó que el verdadero asesino era el secretario.

Esto ha hecho que varios de los colegas del comisario, incluido su propio ayudante, Meisinger, sospechen que Müller tiene algo que ver con los asesinatos.  Y Krebs, comisario y enemigo acérrimo de Müller, por considerar que este le ha arrebatado el puesto que le correspondía, quiere utilizar el caso para defenestrar definitivamente a su oponente.

También Blüml, detective privado que tuvo que ver con el caso del estilete, sospecha de Müller y creyendo que él mismo puede ser la siguiente víctima, se pone al servicio de Krebs para investigar el caso.

Por otro lado, se están produciendo una serie de agresiones a mujeres en las que el asaltante se conforma con cortarles el pelo.  El asunto, que al principio resulta solo chocante está adquiriendo unas dimensiones preocupantes y comienza a alarmar a la opinión pública que reclama soluciones.  Los políticos comprenden que un caso tan ridículo es un enorme desprestigio para la policía y las instituciones en general y urgen a Müller a atajar el asunto.

Como Müller sospecha que sus enemigos, Krebs y Blüml pueden utilizar este caso para desprestigiarle se pone manos a la obra para resolver el enigma del "peluquero misterioso".

Mientras tanto, con toda la cúpula nazi en prisión, un boticario gordo y socarrón, Gregor Strasser, ha sido nombrado presidente del partido nazi en sustitución del encarcelado Hitler.

 Aunque no es un buen orador, o por lo menos no tanto como Hitler, Strasser, en sus discursos contra los bolcheviques y los capitalistas, utiliza un extraño sentimentalismo mezclado con humor que ha conseguido devolver el empuje a los suyos.  En lugar de la vieja guardia, llena de hombres serios y solemnes, Strasser se rodea de lo que llaman "los chistosos" del partido y nombre número dos a Joseph Goebbels, una profesor de instituto cojo y contrahecho conocido por sus bufonadas.  Contra todo pronóstico, y para alarma de Müller, el partido nazi no sólo no se disuelve, sino que cobra mayor auge mientras Hitler sigue entre rejas.

Y mientras, Holzbock, antiguo zapatero remendón y actual indigente, está intentando retomar las riendas de su vida cuando se entera de la recompensa que se ofrece para quien de alguna pista sobre los asesinatos del fiscal y el secretario.

Es la hora de decidir qué riesgos se asumen.

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