El ojo de jade (Diane Wei Liang)

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El ojo de jade, de Diane Wei Lang

Le llaman nueva novela negra y en realidad es una novela rosa. Eso es lo cierto.

Sin embargo, tengo que decir que la novela no es mala ni mucho menos. El caso criminal que desarrolla la trama, la búsqueda de una antigua pieza de Jade de casi dos milenios de antigüedad, se dosifica a lo largo de la novela para que dure lo suficiente mientras la autora nos cuenta en realidad los amores de la detective protagonista, la relación con su hermana y las vicisitudes de su relación con su madre, marcada por los trágicos sucesos de su presencia en un campo de trabajo durante la Revolución Cultural.

La protagonista es una exfuncionaria del ministerio del interior que lo dejó por oscuras razones y que ha puesto una agencia de detectives privados a pesar de que esa actividad está prohibida en China. Como secretario y ayudante, eligió a un hombre, algo considerado escandaloso.

A lo largo de la narración se habla de los profundos cambios sufridos por la sociedad China, de la falta de escrúpulos, de la necesidad de tener contactos en un mundo donde todo se hace pro amigos y donde una agenda en blanco es condena a la pobreza. Se habla de la importancia y ensalzamiento del dinero, de la lucha entre el campo y la ciudad, de los problemas de vivienda, del dinero fácil y sobre todo de las tensas relaciones entre mujeres de distintas generaciones.

¿Qué es el ojo de jade? Una novela femenina disfrazada de novela negra. El club de la buena estrella con un envoltorio de novela policiaca.

¿Una buena novela? Bastante buena.

¿Una novela negra? Ni de broma. Lo negro, si acaso, un pretexto y mal hallado.

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Los caballeros de las sombras, de Juan Tazón

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Los caballeros de las sombras

Cuando se finaliza su lectura, queda el regusto de algo bien hecho. Esa sensación de que, a pesar de que en ocasiones parece denso y excesivo, tenía que ser así. No hay nada superfluo, ningún detalle es baladí.

El propio autor, entre sus páginas, resume como nadie la esencia de esta novela: guerras libradas por soldados al mando de generales sin librea.

Y eso, que parece tan complicado, es lo que se va a encontrar el lector.

Arranca la historia con el asesinato de personajes sin nombre, aún. Poco a poco se irán desvelando las claves que permiten entender la razón de esas muertes. Pero va más allá, se irán descifrando las claves de un juego, una especie de juego cuyo tablero será una Europa convulsa y asolada por las guerras o, lo que es peor, por esos períodos de entreguerras que mantienen una tensa calma y una diplomacia hipócrita e interesada entre los países.

Es una historia de espías, de los sacrificados espías de esa Europa que vive inmersa en sus propias luchas; donde rige el principio, universal y vigente, que dice que la información es poder. Y es, precisamente, la información el arma más valiosa de los países enfrentados. Ni el más bárbaro de sus habitantes renuncia a la posibilidad de derrotar al enemigo aún sin salir al campo de batalla.

La historia se desarrolla en varios escenarios; España, Inglaterra e Irlanda serán los bailarines principales de esta danza orquestada por manos oscuras, casi siniestras que se mueven en las sombras. Pero la acción se disemina y abarca Francia e, incluso, Italia. La dificultad de seguir el hilo de la historia, a pesar de la disparidad de escenarios, es superada por el autor con solvencia, sin fisuras.

Cobos, Alonso Cobos es el personaje principal y el conductor de la trama. Un personaje bien plantado, y bien planteado. A él, desde la Corte española, o más bien, desde las profundidades de la Corte española, se le encargará descubrir la identidad de los muertos, la relación que une a los mismos, quién o quiénes fueron sus ejecutores y, lo que es más importa para los intereses de la Corte, la razón de sus muertes.

En esas profundidades habitan Idiáquez y Mendoza, personajes también oscuros aunque, a veces y sólo a veces, casi entrañables.  El catálogo de personajes es amplio y variado, hay rufianes, hombres de honor y caballeros sin reino, al servicio del poder. Todos ellos, son personajes sólidos, bien estructurados. Confieso, sin embargo, que mi debilidad es la Reina Elisabeth, una mujer en un mundo de hombres, siempre un paso por delante de sus consejeros; una fina inteligencia acompañada de la sabiduría que dan los años que se vale, también, de la alcoba para mantener el orden en la sala del  trono.

Mientras se va leyendo, el lector se envuelve en un ambiente oscuro y húmedo, es el estado ideal para continuar. Y tal estado es provocado por los escenarios y el tiempo de la acción: en las profundidades de los palacios en España, en la lúgubre Torre inglesa a la que se llega en barca, o en los bosques irlandeses, empapado de sangre y nieblas. Siempre es de noche, aunque no lo sea, es la propia noche que vive la vieja Europa y los personajes se mueven al abrigo de la oscuridad o en tabernas poco iluminadas, donde llevan a cabo su labor: ser sombras en las sombras.

Es un libro de invierno, para leer al calor de una chimenea. Es un libro de verano, para refrescar los calurosos días de verano. Es, para leerlo.

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La cena (Herman Koch)

lacena 185x300 La cena (Herman Koch)

una cena siniestra

Una de las bases sobre las que se asienta la novela negra clásica es la empatía del lector con alguno de los personajes. En principio, lo que se pretendía era plantear un desafío, o un misterio, y que el lector se uniese al investigador en la resolución del caso.

Las cosas fueron cambiando poco a poco , especialmente en la novela europea, hasta el punto de que hoy en día la novela negra ha ganado enorme calidad y profundidad y se arriesga en la resolución de dilemas morales, donde el lector no tiene muy claro si está de parte de la policía o del delincuente.

Tanto en El Secuestro del Candidato, que acabamos de enlazar, como en la cena, la historia gira en torno a las necesidades mediáticas de un político, pero mientras en la primera el lector no sabe con quién quedarse, por la baja catadura ,moral de todos los personajes, en La Cena se nos muestran las dudas del político como simple miedo y debilidad, lo que constutuye un motivo más de reflexión.

En la cena, de Herman Koch, se propone una vuelta de tuerca más al asunto, plateándonos el dilema moral de qué harían unos padres para defender a sus hijos, aun sabiendo que son culpables.

Quizás lo más interesante de esta gran novela, porque es una gran novela, es el punto de vista del narrador, la autoindulgencia con que se trata a sí mismo, la enorme capacidad que muestra para perdonar a los suyos frente a la intransigencia con los demás y la magnífica manera en que elabora pretextos para justificar lo injustificable.

El protagonista, por tanto, es un tipo que puede resultar desagradable, pero que sin duda nos resultará conocido: no se enfrentó para nada a la educación de su hijo, y en cuanto algo salió mal, se dedicó, como loco, a buscar culpables fuera de su familia, porque lo primero, lo más importante, lo que no podía entrar en cuestión en ningún momento, era la tranquilidad burguesa de los suyos y la paz familiar de su entorno.

Ese es el verdadero trasfondo de una historia que se presenta como negra y que tiene más de social y de ejemplo de los monstruos que creamos en nuestra casa que de verdadera intriga policíaca.

Por lo demás, el autor se podía haber trabajado un poco más los personajes, especialmente los antagonistas, y podía haber dado una oportunidad más intensa al debate.

pero posiblemente no quiso: un padre que malcría a sus hijos no discute, no escucha, no se plantea nada que no sea defenderlos de cualquier cosa que los aleje del trono que labró para ellos.

Y en reflejar esa realidad, la novela es impecable.

 

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La deuda de Dancer (John Lutz)

deuda dancer La deuda de Dancer (John Lutz)

La deuda de Dancer, de John Lutz

Cuando empezamos a leer la novela, no sabemos a quién le va peor, si al detective que recibe el encargo de investigar las deudas de un tipo al que han amenazado, o al propio tipo, que sale malparado de un par de encuentros con matones. Luego, con el tiempo, nos iremos enterando de que en el fondo se trata de una pregunta que carece de importancia, porque ni el uno ni el  otro es capaz de suscitarnos mayor interés.

La novela se basa en una idea bastante interesante, justo la que no debo contar, pero su desarrollo es un paseo dominical por todos los caminos trillados imaginables, mientras el lector va saludando, sombrero en mano, a un montón de arquetipos, situaciones y mecanismo demasiado vistos ya.

La novela encuentra su redención en algunas buenas frases que el autor va dejando caer a un lado y a otro, como si se olvidara de pronto de que está escribiendo una novela de mierda y se le escapasen toques de calidad que lo delataran como un escritor con posibilidades.

La deuda de Dancer es una historia más, otra , de un tipo borrachín y jugador que tiene una novia maravillosa y bellísima que lo adora y que hace lo imposible por ayudarle. Unamos a eso que el tal Dancer  tiene fobias que le quedaron de Vietnam, que el detective es pobre como una rata y amigo de un jefazo de la policía y verán que el autor tiene que ser muy convincente a veces para conseguir, con semejantes mimbres, que me haya acabado la novela.

Como dije, la idea central y la resolución, tienen un pasar. La conclusión es floja. La novela vale lo que cuesta si, como yo, se compra por dos euros. Si no, malamente.

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Los suicidas asesinados, de Howard Engel

los suicidas asesinados Los suicidas asesinados, de Howard Engel

Los suicidas asesinados

El título original es The suicide Murders, y vaya esto como aperitivo, porque ya sé que no significa lo mismo. el primer asesinado en este caso ha sido el libro, pero eso ya lo iremos viendo más adelante.

Cuando empiezas una novela porque te han dicho en la introducción que se trata de uno de los mejores exponentes de la novela negra netamente canadiense, no es que esperes encontrarte con la obra de tu vida, pero crees que vas a pasar un buen rato, aunque sólo sea porque en el peor de los casos, o en el mejor, se tratará de una imitación de la novela negra británica o la novela estadounidense. Al parecer, la novela tiene un sabor netamente canadiense. Por mi parte, salvo que las cataratas del Niágara están retratadas desde el lado Norte, no acabo de ver más sabor canadiense.

En este caso, la verdad, las cosas sucedieron de otro modo. Por un lado, Howard Engel tiene pinta de ser mucho mejor escritor que la mayoría de los que uno lee pos simple curiosidad. Por otro lado, la traducción es tan mala, tan horrenda, tan llena de sinsentidos, traducciones directas, frases cortadas y estupideces en general que sólo una obra de verdadero empaque puede soportar semejante atentado sin desmoronarse por completo a las veinte páginas. No suelo hacer esto nunca, pero esta es una magnífica ocasión para la excepción: el autor de la masacre fue Jorge de Lorbar. Que se sepa.

Desquitado ya, según mis escasas posibilidades, de los malos ratos que me ha hecho pasar el traductor, debo decir que la novela contiene una serie de ideas interesantes, está escrita con humor e ironía, y que el protagonista wes el típico perdedor que tanto gusta a la novela de medio pelo, con la particularidad de que en este caso no consigue conectar con el lector, o al menos no conmigo.

La trama no carece de interés: una mujer contrata a un detective para saber a dónde va su marido a ciertas horas, ya que recibe toda clase de explicaciones y ha constatado que son todas falsas. El detective, que malvive con casos de infidelidad, acepta de inmediato para enterarse que el esposo no tiene una querida, sino simplemente un psiquiatra, lo que hace comprensible que prefiera no hablar del asunto a su mujer.

Hasta ahí todo sería normal si el buen hombre no apareciera muerto al día siguiente, en un caso que la policía considera claramente un suicidio y que el detective prefiere no cerrar porque vio comprar al hombre una bicicleta ese mismo día y según él nadie se suicida justo después de comprarse una bicicleta.

Sobre tan ligera corazonada, cargada aún así de psicología humana, se va desenvolviendo el asunto, con varios detalles similares, igualmente tenues e igualmente sagaces, hasta un desenlace a medio camino entre lo previsible, lo romántico y lo tremendo.

La novela tiene que ser bastante buena en inglés. O muy buena incluso. La edición que nos ha traído Júcar hace desear que la hubiesen dejado en Canadá. Si alguien saber de otra edición, la recomiendo.

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Lágrimas sobre Gibraltar, de Carlos Díaz Domínguez.

lagrimas sobre gibraltar 198x300 Lágrimas sobre Gibraltar, de Carlos Díaz Domínguez.

Lágrimas sobre Gibraltar

El 1 de octubre de 1969 entraba en vigor la resolución de Naciones Unidas que obligaba a los británicos a abandonar Gibraltar. Se trata, concretamente, de la resolución 2429, votada el 18 de diciembre de 1968. A los ingleses se les ocurrió entonces decir que simplemente protegían y respetaban la voluntad de los habitantes de la colonia, y así seguimos, hasta ahora, como todo el mundo sabe.

Lágrimas sobre Gibraltar se construye sobre la idea de que el régimen de Franco, ya en sus últimos momentos, creyó que sería buena idea tomar Gibraltar por la fuerza al amparo de esta resolución.

Se trata de una obra magníficamente documentada sobre este deseo español, entreverada con las intrigas políticas, la situación social, y el entramado de espionaje se construyen alrededor de la sensación de que España no tiene posibilidad alguna de resarcirse  de los incumplimientos británicos pero conserva, de todos modos, la voluntad de actuar dentro de sus medios.

Los británicos, con un servicio de inteligencia antiguo y experimentado, casi no pueden creerse que a los españoles se les haya ocurrido infiltrar espías propios en la roca, y a medida que se convencen de que esto no es sólo posible, sino casi indiscutible, deciden esperar el golpe para causar una matanza en la represalia. Carrero Blanco, Vicepresidente del Gobierno español, no quiere dudar de Franco, pero sus dudas se acrecientan cada día en un ambiente político abocado claramente al fin del régimen y a una sucesión que aún es incierta.

La idea inicial consiste en abrir una filatelia en el peñón y poner al frente de ella a un británico adepto al régimen franquista. Lo acompañará una mujer cordobesa que se hará pasar por su esposa para no levantar sospechas…

La mejor virtud de la novela, además de su documentación, es la casi inaudita honradez con que el autor trata la época, sin tópicos ni histrionismos, sin fascistas malísimos, ni opositores sindicales que acaben apareciendo con una acción política en cualquier momento (como siempre me temí). En esta novela, las personas son las personas y los hechos son los hechos, tanto los reales como los ficticios, tratando todos de desenvolverse en la verosimilitud, la realidad de una conciencia humana que es antes humana que política, y la desproporción de fuerzas entre dos países que, al fin, no pueden evitar que en sus filas se alineen simples seres humanos.

Muy recomendable. Por desintoxicarse de tantas tonterías como se han escrito ty dicho sobre la época, más que nada.

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El enigma de las arenas de (R. Erskine Childers)

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El enigma de las arenas, de Erskine Childers

En principio, cuando leo una novela hago justamente eso: leer una novela, sin más pretensiones. Luego, a veces, me intereso un poco por el autor y en algunas ocasiones, como esta, resulta que el autor es un tipo mucho más interesante que su obra.

A mí, la verdad, lo que me hubiese gustado leer es su vida.

Erskine Childers participa con los británicos en la guerra de los boers y, a su regreso a Inglaterra, abraza la causa de la independencia de Irlanda, donde es fusilado en 1922 por introducir armas ilegalmente en el país para los independentistas a bordo de su yate Asgard. Uno de sus hijos llegaría ser presidente de la República de Irlanda tras la independencia de este país.

Y de eso va la novela, pero mucho antes, y escrita también muchos años antes: de costas, bajíos, arenas, embarrancamientos y posibilidades de acciones clandestinas a través de los intrincados canales de las costas noreuropeas.

El principal rasgo,  mi juicio, de El Enigma de las Arenas es que se escribió en 1903 y es, por tanto, una de las primeras novelas de espionajes tal y como hoy las conocemos. Narra la navegación de un joven inglés por las costas de Holanda y el Norte de Alemania en busca de las instalaciones que los alemanes preparan para una hipotética invasión de Inglaterra en caso de que se desencadene la guerra. Y lo escribe en 1903, insisto, antes de la Primera Guerra Mundial.

La trama nos parece hoy en día floja, los problemas triviales y los comportamientos bastante infantiles en ocasiones, pero no deja de tratarse de un libro que refleja a la perfección el sentimiento de la época, sólo diez años antes de la Gran Guerra. A los entendidos en temas marítimos les fascinará la profusión de detalles sobre navegación. A los de tierra adentro  como yo nos aburre soberanamente la mayor parte de las veces.

En algún punto intenta intercalar una historia romántica, pero abandona la idea. Habla de un traidor, pero no nos dice nada de él. Habla de unos preparativos para trasladar tropas, pero tampoco resulta creíble. Lo que sí resulta interesante es el análisis psicológico del protagonista y su compañero, el que en principio comenzó la aventura. Y el estilo es francamente bueno, aunque muy desaprovechado, a mi entender.

Por lo demás, se trata de lo que se ha dado en llamar una novela de influencia, que viene a definirse como una especie de mitin o conferencia embioscado en una novela, para dar a conocer al público general un tema que de otro modo sería muy delicado de tratar.

Novela interesante y creo que imprescindible para quienes deseen conocer un poco la historia de la novela negra y de espionaje.  O dicho de otro modo: más interés histórico y de análisis literario que en la novela en sí .

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Fruto prohibido, James Hadley Chase

chase2 199x300 Fruto prohibido, James Hadley Chase

Edición barata y traducción suramericana

James Hadley Chase es uno de mis autores favoritos, quizás pro su falta de piedad o por las pequeñas perlas de gran autor que pueden encontrarse en su prosa. Si a eso le unimos que sus tramas no se resuelven casi nunca como por arte de magia, no es de extrañar que sea uno de los autores mejor considerados a lo largo de la historia de la novela negra, aun a pesar de encuadrarse dentro de la rama dura, no siempre apta paera todas las sensibilidades.

Fruto prohibido, sin embargo, es una novela que no nos resulta muy dura. Un periodista, corresponsal en Italia de un gran medio americano, sueña con lo que envíen de vuelta a Estados Unidos. En ese momento, su jefe y dueño del periódico, lo llama para pedirle que se ocupe de su hija, que va a ir a Italia. Hasta aquí, muy poco original, por supuesto.

También es poco original la serie de desastres que suceden a continuación, cuando la chica intenta seducir al periodista (aunque no es una seducción al uso) pero una vez alcanzado el primer cuarto de la novela se desata la verdadera acción que convierte a esta obra en una buenísima pieza del género negro: acción, intriga, realismo, y falsas apariencias.

El final posiblemente sea una concesión al gran público, pero todo el desarrollo, con sus pequeños trucos y sus grandes miserias ocultas bajo capas de elegancia y belleza, merecen realmente la pena.

Por cierto: la he leído en la serie negra de Planeta, en traducción de Mary Williams. Una traducción realmente cochambrosa. Si encontráis otra, seguro que es mejor.

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La estrategia de sacar partido de las víctimas

portadasec 203x300 La estrategia de sacar partido de las víctimas

Los rehenes somos nosotros

También se le llama estrategia del buitre, y de unas décadas a esta parte está cada vez más de moda.

Por eso El Secuestro del Candidato es una novela de rabiosa actualidad, y no sólo por hablar de la clase política describierndo las redes de trapicheos, intereses, influencias y desfalcos. Eso hubiera sifo demasiado fácil y hasta un poco tópico. La gracia del asunto, además del salvaje humor con que se narra, es la voluntad y la astucia para sacra partido al sufrimiento de las víctimas.

Porque lo cierto es que la novela habla de un político que es secuestrado por su amante, pero la verdadera trama está en lo que hace cada partido político por la liberación del secuestrado: los de su propio partido, nada, porque les conviene tener a uno de los suyos secuestrado para capitalizar así la simpatía por la víctima. Los de la oposición se mueven como locos y trabajan incansablemente por su liberación, pero no por razones humanitarios, sino por idéntica razón: para que no les perjudique en las urnas.

Y no son sólo los partido políticos los que tratan de sacar tajada del secuestro. Al Qaeda y otras ocho organizacione smás reivindican el secuestro para darse publicidad, los policías tratan de sacarse un ascenso haciendo la pelota a unas u otras autoriudades, y hasta los perióduicos dosifican la información para vender más ejemplares.

El secuestro, así, se convierte en un circo de intereses donde todo el mundo trata de lucrarse de una u otra manera, olvidándose de la víctima y hasta de la secuestradora, que sólo quería vengarse del modo en que la abandonó.

El humor del que antes hablaba se convierte así en humor casi macabro cuando se describen las condiciones de vida del secuestrado y la audacia de la secuestradora, que ya no sabe si matarlo o intentar sacar un rescate. El desenlace final no dejará indiferente a nadie, pero aún así, a mi juicio, no es lo más importante de esta novela, reflejo de una sociedad de descreídos, desencantados y desorientados.

A veces me pregunto si los secuestrados no somos nosotros, ecyhando la culpa a alguien que no tiene que ver, o permitiendo que se rían en nuestras barbas.

Carlos Aizpiri.

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Los crímenes del balneario, de Alexandra Marinina. Policías con reuma y medias.

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Los crímenes del balneario

Una buena amiga me recomendó las novelas de esta autora rusa y tengo que decir que, en primer lugar, se lee con gusto. Luego, la parte policíaca creo que resulta un poco más confusa de lo debido, seguramente por el tremendo batiburrillo de los nombres rusos, compuestos de nombre, patronímico, apellido y distintas variantes del diminutivo. La literatura rusa es para valientes, como siempre, y como siempre tiene algo aprovechable.

La idea original es atractiva: una funcionaria de la policía criminal de Moscú se va unos días a un balneario para recuperarse de sus problemas de espalda. Se supone que allí iban a ocuparse de ella los compañeros de la policía de la ciudad, pero el trabajo policiaco sigue considerándose un trabajo de hombres y poco menos que la ningunean por ser mujer y tenerla por una intrusa. El balneario es, en realidad, una especie de casa de citas y nuestra protagonista, Anstasia Kamenskaya, se encuentra fea y trata de convertirse en mujer por unos días, aunque sólo sea por probar sus fuerzas.

¿Y tiene éxito? Sí, demasiado. O eso entiende ella. Se mira al espejo y no se encuentra tan guapa como para el éxito que ha tenido, por lo que empieza a sospechar que hay algo más detrás del súbito interés que ha despertado en los hombres.

Para confirmar su tesis, aparece muerto uno de los hombres que se acercaron a ella, y entonces la policía vuelve a ponerse en marcha, sin dejar del todo su faceta de mujer a la que la apetece que la besen, después de tanto tiempo. Aquí es donde hacen su aparición el cine, la estética, la música, y las pasiones humanas.

Un lío, un engorro de novela. Muy interesante de todos modos.

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